Ay, corazón…

Arrancarse el corazón no vale de nada cuando tienes a alguien viviendo dentro.

Al final decides matar cada uno de los sentimientos que anidan en él, pensado que no sintiendo podrás seguir navegando en el puto mar de tu realidad absoluta. No todo sale a flote, no todo se deja ver. Escondemos tanto por miedo a ser dañados que al final lo único que hacemos es destruirnos a nosotros mismos. A bocajarro, como se destruyen las cosas sin pensar, como se balancea un niño en un columpio sabiendo que no le faltan manos que lo vayan a empujar, como ese chocolate amargo que no solo te gusta saborearlo a ti. A bocajarro, a impulsos incontrolados, a latidos sin eco… así, sin más, tentando a la suerte.

Tengo cajones llenos de sueños, llenos de dudas, llenos de miedos, llenos de un contigo sin mi, ausentes del mundo, creciendo en silencio, y guardados como fiel tesoro. Llevo la mochila de la vida tan cargada de cosas insignificantes, que lo que realmente necesito no tiene sitio para respirar un poco de vida, un poco, solo un poco, y me axfisio, y te axfisias, y me falta el aire,y te falta el rumbo, y me faltas Tú, y te falto Yo.

Puto corazón suicida. Puta vida. Puto yo interior. Puta razón arrítmica. Puto tú por quererme con principio, sin final. Mi infinito, mi bucle, mi medio corazón suicida.

¡¡Apenas puedes con las cadenas que arrastras vas a poder con el mundo!!- (me digo)

Y la vida, sigue… No le importa que me pese todo. Ignora, sigue, avanza, conmigo, sin ti, con todo, sin nada…

¡¡Puto corazón indomable, que vive ausente de la razón queriendo no ser el dueño de esas ilusiones improbables!! Consciente o inconscientemente pretendes matar cada latido suicidando los sentimientos, mientras los arrojas al abismo del olvido. Y creeme, dejaría de ser yo en cada ápice de mí misma sin ellos, sin ti.

No hay nada más jodido que guardar silencio queriendo gritar un te quiero.

Y mientras tanto el mundo ahí, gente dejando huellas del paso de sus días, impregnando de vida absurda y sin sentido la realidad que quieren dejar ver, hermitaños de sueños perdidos, donde todo lo que fluye va al mar de las dudas. ¡¡Cuanta gente creyendo estar viviendo y sin saber sentir!!

Y yo, que soy un corazón kamikaze, escondida en mi burbuja de sentir bonito. Intentando suicidar mis sentimientos para dejar se sentirme tuya. ¡¡Pobre ilusa!! Si cada vena de mi cuerpo corre llena de ti.

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Febrero en las entrañas

Nunca le gustó Febrero. Siempre le recordaba a Él. A su sonrisa cómplice, a comer palomitas los días de lluvia, a paseos en bici, a revolcarse entre la hierba buscando la sonrisa del sol, a trenzas en el pelo, al calor del brasero en una mesa de camilla jugando a ser piezas de puzzles mientras sonaba música de los 80 en un tocadiscos en bucle. Febrero, maldito Febrero que estaba lleno de pelis antiguas, de sábados de cine, de peleas de almohadas jugando a ser superhéroes en un mundo de ficción, de cariño, de respeto, de complicidad. Febrero, puto Febrero que le arrebataste su otro Yo.

Él, su eterno Febrero.

Su recuerdo no era efímero, al contrario, siempre habitaba en ella. Y no se ponía triste por recordarle, se ponía triste porque se daba cuenta de que ya no estaba. No fue sencillo estar sin Él. Fue una infancia tan triste, tan fría, y una vida tan sola ¡La dejó sola, joder! Viviendo en una ausencia interminable, poco nítida, gris y sin espacios en blanco donde poder reescribir.

Los columpios dejaron de sonreír, la lluvia cada vez la inundaba más.

¡No se puede olvidar a quien es el punto de apoyo en tu vida! – se repetía.

“¿Que porqué la tristeza? – Porque Tú ya no.

¿Que porqué hacerme burbuja? – Porque sin ti todo me era indiferente.

¿Que porqué escribir? – Porque ahí Tú sí.

¡Cuánta falta me has hecho, Joder!

¡Cuánta falta aún me haces!” – decía entre lágrimas cada día.

Y mientras, el mundo dándole vueltas en su ruleta rusa, riéndose de ella y golpeando cada una de sus cicatrices en cada puta realidad de la que intentaba huir. No le gustaba el reflejo de su espejo, a veces la miraba con odio, le echaba en cara cosas que no quería recordar, le abofeteaba la realidad con hostias de indiferencia. Y lo jodido es que no sabía ni de quién era ese reflejo, aunque suponía que era de ella.

¡Me puede, te juro que me puede!- decía mientras pensaba en como echaba de menos refugiarse del miedo agazapandose en su respiración.

¡Debí de hacerle daño a mi niña interior y por eso se encarga cada día de borrarme la puta sonrisa! – pensó

¡Y Él allí! Viendo su vida pasar, bucles y bucles de abismos de los que no sabía salir. Ausente de ella y a la vez perdido en ella. ¡Cuánta falta me haces!- pensaba Él en silencio.

Sé que estás. Sé que siempre estás. Y por eso sonrío a veces. Porque por muchos años que pasen, vives en mí. No ha pasado el tiempo, sólo se paró. Sigo siendo tu niña y tú, tú sigues siendo mi guía a pesar que te fuiste sin decirme adiós.

¡Te quiero! Aunque eso Tú ya lo sabías. Aunque eso Tú ya lo sabes. Aunque eso Tú nunca lo olvidas. Tú, mi fiel Febrero que siempre me haces nudos en el alma. Tú, mi amargo Febrero clavado a tinta y a fuego en las entrañas.

Miedo

Miedo. Esconderse. Refugiarse del mundo. Huir. No salir ileso de un pensamiento en bucle. Quedarse sin aliento. No atreverse. Vivir la vida sin sentirla. Sueños rotos. Realidad huérfana de latido.

Corazones huecos. Llamadas que no llegan. Gritos que dejan temblando al silencio. Nubes de algodón flotando en el mar de las dudas de un cielo gris.

Una habitación sin puertas ni salida. Paredes que atrapan las ganas de vivir. Ventanas con cristales opacos donde el mundo se hace invisible. Un Todo lleno de paranoias de palabras mudas, que vienen, que van. Sentimientos a bocajarro. Tú. Yo. Silencio. Nada.

¡Puta melancolía!. Egocéntrica e indestructible como una tormenta en su punto álgido. Oprime. Asfixia. Ahoga. Entumece. Aniquila. Mata lenta y ferozmente.

¡Sólo es miedo! -decían.

Quién lo sintió, lo sabe.

Palabras

Palabras. Palabras mudas que gritan, que expresan sin decir nada, que sienten entre renglones torcidos, que ahogan cuando hablan de ausencia, que se esconden, que palpitan en cualquier corazón que las late aún sin leerlas.

Palabras. ¡Malditas palabras! Que oprimen emociones, que revolotean entre los sentimientos, que nadan en mares de dudas, que vienen, que van y que entran a su antojo en nuestra esencia.

Palabras. ¡Putas Palabras! Nos hacen sentir que volamos, envueltos en mil historias con principio y sin final. Somos guiones repletos de circunstancias sin viajar a ningún lado, y sintiendonos dueños del mundo a la vez. ¿Porque será?.

Palabras. ¡Hirientes Palabras! Que nos desgarran el alma, nos desangran por dentro, nos llenan de nudos y no nos dejan digerir la vida. A veces son traicioneras, nos llenan el libro de capitulos de miedo, de ansiedad, de soledad.

Podría perderme en sus Palabras. Tus Palabras. Mis Palabras. Y quedarme a vivir ahí, a pesar del abismo y del abrigo, a pesar de la calma y de la tempestad, porque te veo en cada letra, porque eres Tú entre los espacios en blanco y porque soy Yo agazapada entre la poesía inerte que se esconde detrás de cada Quizás. ¡Putas Palabras! Tan llenas de nosotros y a veces tan ausentes de la realidad.

Salas de espera

 

Y allí en medio de tanta gente, inmersa en el bullicio de una desesperada ansia de avanzar, se encontraba ella.
Nunca fue tan triste una sala de espera, todo ese vacio lleno de vida y ese silencio que despejaba el más atroz del pasar de las horas, se apoderó de cada segundo de su tiempo.

Allí.

En silencio.

Ella.

Tan llena de nada y tan vacía de todo, esperando dentro de un Tic-Tac.

No habían poemas donde esconderse, ni canciones que abrazaran, ni miradas que hablaran, ni manos donde sostenerse. ¡No había nada! ¡Solo había silencio y frío! ¡Mucho frío! ¡El frío de una larga espera!

¡Ella frente al tiempo, menuda lucha interior! – pensó.

Se dejaba llevar por entre los minutos como quien deja miguitas de pan para saber volver a un antiguo lugar, no quería perderse dentro de un futuro incierto ni sumergirse en ninguna tormenta de la que no supiera luego escapar.

Y mientras tanto, haciendo el esfuerzo de dejar un hueco en su mente para la coctelera de ilusiones resquebrajadas que guardaba en medio de su frío silencio. Todo roto y hecho añicos, tan sencillo como unos minutos que cambian tu vida y tan complicado como no saber que falsa sonrisa se pondrá para no dejar ver todo ese caos interior.

Y allí sentada, le pasaron por la cabeza miles de momentos perdidos, de palabras mudas que nunca supo expresar, de Te quieros llenos de miedo, de sueños cansados de una lucha, de falsos finales sin final. Encerrada en un ir y venir de pensamientos, mientras esperaba en una fría sala, que la vida le diera otra oportunidad.

Bailarina de sueños rotos

¿Quién no ha soñado con danzar entre los huecos de los sueños mientras va lidiando con la realidad cara a cara?

¿Quién no ha soñado con el valor que no tiene para afrontar la puta vida mientras maldecimos la cruda realidad?

 ¿Quién no ha soñado con cuentos de hadas que al despertar solo son acordes de canciones rotas y desafinadas?

¿Quién no ha soñado con ser quien ansiamos en el futuro mientras morimos absortos de la rutina axfisiante que nos oprime?

¿Quién no ha soñado con una realidad paralela donde todo fluye al son de una canción de Sabina, Marea, Extremoduro ó Metálica?

¿Quién no ha soñado con príncipes o princesas y al despertar vemos la puta rana enmarañada entre los hilos de nuestra ilusión?

¿Quién no ha soñado?

 Dime…

¿Quien no ha soñado?

Soñamos más de lo que anhelamos y nos quedamos metidos en el bucle de la ilusión, convirtiéndonos en la dulce bailarina de nuestros amargos sueños rotos. 

Lo que pesa el corazón 

Siempre hablamos de lo que pesa la vida pero nunca nos decimos  lo que nos pesa el corazón. 

¿Sabes? Pesa todo porque Tú. 

Pesan los latidos que dejamos pasar y no queremos escuchar, pesan las caricias que nos encienden el alma, pesan todos los sentimientos que callamos por miedo o por no saber expresar, pesan las horas vacías que no pasamos juntos, pesan los momentos que queremos olvidar, pesan todos y cada uno de los besos que hicimos canción, pesa la poesía de su puta mirada, pesan los te quiero mudos que nos guardamos. El corazón pesa más de lo que decimos, pesa todo lo que callamos.

No pienses que cuando huimos de nosotros mismos se puede guardar todo en el cajón y salir a flote. ¡No! ¡No se puede!

No pienses que silenciando los sentimientos olvido que te quiero. ¡No! ¡No lo pienses!

No creas que olvido que tu mirada es la guía de mi barco, aún sabiendo que ibamos a naufragar. ¡No! ¡No lo creas!

Todo antes o después acaba, todo antes o después se desangra, todo antes o después pesa, ahoga, oprime, bloquea. Todo antes o después, o quizás no, o quizás nada…

En la vida me pesan los años, los daños, las heridas del pasado, el mundo que quiero y no puedo, cada una de las circunstancias que oprime el camino de mis dias. ¡Joder,  pero la vida se me hace invencible contigo!

¿Sabes? A veces me pesa la vida, pero cuando Tú no estás, siempre me pesa el corazón, siempre.