Canciones Sin Título, Pero Con Nombre

canciones sin título
Escrito con Whitejoker Manson.

¿Quién no ha soñado alguna vez con convertirse en canción? Dime ¿Quién? ¿Y qué canción no se ha convertido en sueño? ¿Quién no ha querido ser punto álgido en una voz que repite tu nombre como el estribillo de su canción favorita?
No sé tú, pero a mí me hace bailar en las nubes saber que soy su canción de cabecera antes de dormir. Podría pararse el mundo, que a mí me daría igual, porque me convierte en inmortal cada vez que me hace música. En esta canción se grita lo que no supe decir, se acuna el silencio que se abraza al miedo, callo su nombre y confieso latidos, llueve un octubre en un calendario que ya ha perdido la cuenta de los días.

Hay canciones que estremecen, que llegan al fondo y te hacen vibrar, que erizan, que aprietan, que ahogan, que sueñas e, incluso, hasta te hacen invencible. Da igual el momento o el lugar, compartirlas nos funde en uno. Y no hay nada más bonito que ser música contigo. En esta canción te ofrezco un cielo en el que volar con tus alas rotas, una cicatriz para una herida que no cierra, una estrella para un cielo que desoye tus deseos.

Hay canciones que son principio, nudo y desenlace. Canciones que tambalean el Karma y mueven los cimientos del corazón. Canciones que te follan en cada estribillo y que son orgasmo cada vez que hablan de amor. Me he parado cansada del mundo en el compás de aquella canción que susurraba el abanico de mis latidos. Me he atrincherado tras un estribillo mientras quito la anilla al corazón a la vez que pido una tregua y me lanzo a la guerra de tus labios.
También hay canciones destrucción, que te queman el alma y te hacen arder en lágrimas, que te hacen esconderte del mundo, pero esas son las menos porque no habitan en ti, ni en mí, solo habitan en una tristeza fingida y, aunque lleven tu ausencia cuando no estamos juntos, siempre estás latiendo en mi corazón y nunca me hacen sentir la soledad.

También existen las canciones tormenta, es nuestra alma las que las convierte en huracán y nos tambalean.

Esta canción juega con las agujas del reloj si cierras los ojos, las cenizas han desaparecido y el corazón vuelve a arder, los castillos se han alzado sobre sus ruinas de arena, las lágrimas se burlan de la gravedad y la sonrisa se curva hacia un imposible. Esta otra está hecha para ser escuchada en la barra mientras bailas por dentro, se alía de alguna extraña forma con el silencio que apresa tus labios y te hace soñar con que el amor es una flor que crece entre la mierda. Ésta no tiene letra para que te digas lo que necesitas; ésa es tan lenta como el dolor; aquella te empuja a correr sin mirar atrás; la siguiente, a tropezar.

No sé tú, pero yo bailo a veces dentro de las canciones tristes y me hago inmortal e invencible porque bailo contigo, aunque esté en el ápice de mi propia autodestrucción. Hay recuerdos que se me han ido de las manos al imaginar tus dedos rasgando las cuerdas de una guitarra. Le he dado al “play” para ponerle música a tus ojos, un baile a tus caderas, un ritmo a tu sonrisa, un pentagrama al camino, un bajo a tus pasos, una batería a tu corazón, unas cuerdas de guitarra a tus dedos.

¿Sabes? Cualquier canción es refugio porque, sea como sea, todas suenan a ti mientras hacen callar al mundo.

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Ecos Del Silencio

Escrito con Whitejoker Manson

¿Qué es este vacío que me invade, amor mío? Algo me falta si no puedo pronunciar tu nombre, algo me pesa si te callo, algo le pasa a la primavera si tiene que ocultar sus flores. ¿Por qué las canciones pueden hablarles a todos de ti y yo no? ¿Por qué el viento puede bailar en tu pelo y yo he de callarte entre la tinta que sangré y que cicatriza en un papel?

No sabes, vida, cómo me pesa el abismo de este Silencio. No sabes las noches en vela escondida en el ápice de tu recuerdo y estremecida en una canción de cabecera disimulando miles de lágrimas llenas de ti. No imaginas lo cruel que es el Silencio cuando llena espacios en blanco y ausencias donde deberías estar Tú.

Dime qué respondes cuando te preguntan por tu sonrisa, por el destino de un suspiro, por esa mirada que se pierde en el infinito. ¿Qué respondes? Yo te callo entre el ruido de la tormenta, que te busquen en esta lágrima que no se asoma, en estos latidos que no traduzco, en este frío que no me hace temblar. Solamente pueden encontrarte en este silencio.

¡No tengo respuestas a cada pregunta que me hago sobre ti! Doy mil rodeos a las dudas que me atormentan, cien vueltas a la realidad que no termina de llegar, diez gritos al viento que te acaricia. Siento celos del aire que respiras porque puede tocar tu piel, aunque yo acaricie tu alma con cada uno de mis Silencios.

Me pasa de todo contigo y no llega a suceder nada. Me pasa este narcotráfico de líneas que nos intercambiamos por debajo de las ganas, estos orgasmos que no gimen tu nombre, este rayo de sol que no amanece en tu mirada por las mañanas.

Callo por no gritarte un “te quiero”, para que no notes que me deshago en el cruce de nuestras palabras. Callo y me ahogo, me hago pequeña e insignificante para poder esconderme de mis propios sentimientos. Me haces no ser dueña de mis instintos, me estremezco en cada jadeo de nuestras palabras mudas y me siento una heroína cada vez que se corren nuestras letras. Prefiero ser un Silencio porque no tengo cojones a decirte que “te quiero”.

Parece tan vacío este hogar de silencio, tan sordo el mundo cuando no te pronuncio, tan cruel el papel en blanco cuando tacho tu nombre, cuando borro sentimientos, cuando corrijo líneas como si se tratasen de destinos que pudieran cruzarse, de dedos que pudieran entrelazarse. Nuestra banda sonora es ese espacio que hay entre una canción y otra, ese pequeño salto entre un latido y otro, ese pequeño lapso de tiempo entre la inspiración y el suspiro, el furioso mar al transformarse en hielo. Hay tanta calma en la superficie de este silencio y tanta batalla, gritos y sangre en su fondo…

Jamás pensé que la vida pudiera volverse invierno. Jamás creí que la fuerza del orgullo pudiera más que la furia de un corazón asalvajado. Jamás soñé que los latidos pudieran congelarse ni que la calma pudiera volverse angustiante y todo porque no estás Tú, aunque llenes cada espacio de mi mente, no estás aquí para llenar de vida este bucle sin rumbo. Tan fácil sería gritar “ven” y acabar con esta oscuridad maldita, y lo complicado que lo hacemos arañándonos el alma con cada puto silencio.

Grítame y que se derrumbe Jericó. Aúllame, susúrrame, háblame… o cállame, yo siempre responderé.

Aunque sea lo que callo, sé que sabes interpretar cada uno de mis silencios ¡Si tú estás, yo soy! ¡Si yo estoy, tú eres! Y es todo lo que necesitamos para poder callar este amor.

Orgasmo Literario

Escrito con Whitejoker Manson.

Solía perderme en la metáfora de tu mirada, desencadenando cada brillo de tus pupilas en una letra en la cual gritar un silencio, oscuro, escueto, inerte, hasta que logré hacerte poesía.

Solía perderme en el verbo de tu sonrisa que tanto callaba, en los bucles de tu pelo gritándole al viento lo que la mirada susurraba. Todo delirios hasta que pude encerrarte en los labios mudos de un folio en blanco.

Cuento los puntos, los espacios en blanco, las sílabas perdidas, las vocales desafinadas y te busco en cada algoritmo que veo, sólo fluyo cuando mis letras dicen que Tú. “No es nada malo” me digo, sólo es falta de ti.

He perdido la cuenta de las veces que he saltado de línea en línea hasta llegar a tu corazón, de las comas que transformé en un abismo de silencio en la distancia, de los latidos que bañé de tinta buscando tus pupilas dilatadas. “Quererte más me transformaría en un monstruo” me digo.

He intentando esconderme en la música, pero cada poro de mi piel pide a gritos tus letras donde poderme leer y donde poder sentirte.

He intentado decirme que esto no tiene ni pies ni cabeza, pero le sobra tanto corazón que he de ladrarte mis latidos entre los barrotes de las líneas mientras el mundo pretende alejarme de ti.

Te leo, suspiro, me resquebrajo, y me corro de ver cómo tus putas palabras me erizan la piel. Hace tanto que eres mi Poesía y que conviertes en cielo la tinta negra de la nube de tu corazón que sólo quiero hacernos infinito, bucle, abismo e incluso decepción si es necesario, pero hacerte mío cada puto segundo del día, en cada puta palabra que escribo.

Te leo y el mundo deja de hacer ruido ahí fuera y la lluvia de dentro cesa mientras un haz de luz se me escapa entre las grietas de mis heridas. Te leo y me florecen los versos en el octubre de un alma que se deshoja en anhelos y ojalás… Ojalá tus ojalás con los míos mientras nos damos la mano entre los laberintos que forman tus líneas enredadas con las mías.

A ver quién le dice a la piel que, aunque no estés, me follas con cada letra que me escribes y que me estremezco de corazón hacia dentro, haciendo inmortal mi alma y que no hay mejor orgasmo que ese.

A ver quién le dice al corazón que no te necesito para amarte, que me haces el amor entre metáforas, que tus manos surgen entre la tinta y me acarician. Me he corrido tantas veces entre tu poesía que he olvidado la desnudez de otros cuerpos.

Y correrme entre la comisura de tus letras porque no hay ningún registro literario que pueda hacerme temblar tanto como lo haces Tú.

Y orgasmar en el aliento de tus palabras mientras me tiembla el pulso, y el latido, y el miedo.

A veces se me empalma el romanticismo y lo único que consigo es tener orgasmos literarios contigo, y, joder, qué gusto.

Nunca le pondré un punto final a ninguno de los orgasmos literarios que me has provocado.

Para Poesía, Tú.

Nos pasamos la vida esperando. Esperando un tren de ida y sin vuelta atrás , una canción que nos dé cobijo y nos haga temblar, una ilusión que nos llene de vida a pesar de saber que nos podemos desilusionar, un sueño que nos haga eternos aunque nos deje sin aliento por haberlo intentado alcanzar… Y así mil bucles más que cierran las puertas a las salidas de emergencia para poder escapar.

Que ganas de hacernos mar, y que se mojen nuestras cadenas del miedo, ser timón de rumbo fijo y ancla de destino eterno.

Que ganas de dejar de ser Poesía y fundirnos en la piel del deseo mientras vienen las olas a la orilla y traen nuestro olor a sexo.

Que tiempos aquellos donde nos subiamos a la ola más alta para poder tocar el cielo.

Y ahora aquí , esperando entre la sal del mar y la que derraman mis ojos con tu recuerdo.

¿Sabes? Iba a hacer Poesía , pero siempre apareces Tú.

Primavera Suicida

Me gustaba acolchar las nubes antes de hacerme un ovillo conmigo misma, esa sensación de magia e inocencia que sólo podía hacerse real en mi Yo interior, menudo privilegio cuando uno se quiere sin importar que el mundo le encuentre sentido.

Siempre me gustó ser primavera y nunca pensé que tendría un invierno habitando en mí para el resto de mi vida o más bien hasta que fuera lo suficientemente hábil como para llenar mi mundo de flores sin que me preocupara el frío de cada ausencia.

Cuando buscas más respuestas que preguntas tienes, al final entras en una duda existencial donde todo se columpia por su propio peso. Menudo disparate cuestionarnos los pasos que damos, si cada vez que encontramos una piedra intentamos cambiarnos de dirección…

Mi mundo es mío y es lo suficientemente desastroso como para querer quedarme ahí colgada de mis emociones para el resto de mi vida. Todo va y viene según el Karma, pero la verdad es que a mi me gusta viajar en mi nube y llover cuando me plazca y convertir en invierno a los corazones suicidas, el tuyo, el mío, para congelar lo que sentimos y que se haga eterno.

Yo ya no entiendo de primaveras ni de tiempos ausentes. Tantas veces se han ido las cosas antes de llegar que no me preocupo de lo que traiga el karma. ¡Ya ves! Soy de darme la hostia sin remordimientos ni vuelta atrás.

¡Primavera suicida! ¡Sí! ¡Tú!. Y cada una de las estaciones que traes sabiendo que me llevas en el tren del olvido.

Ay, corazón…

Arrancarse el corazón no vale de nada cuando tienes a alguien viviendo dentro.

Al final decides matar cada uno de los sentimientos que anidan en él, pensado que no sintiendo podrás seguir navegando en el puto mar de tu realidad absoluta. No todo sale a flote, no todo se deja ver. Escondemos tanto por miedo a ser dañados que al final lo único que hacemos es destruirnos a nosotros mismos. A bocajarro, como se destruyen las cosas sin pensar, como se balancea un niño en un columpio sabiendo que no le faltan manos que lo vayan a empujar, como ese chocolate amargo que no solo te gusta saborearlo a ti. A bocajarro, a impulsos incontrolados, a latidos sin eco… así, sin más, tentando a la suerte.

Tengo cajones llenos de sueños, llenos de dudas, llenos de miedos, llenos de un contigo sin mi, ausentes del mundo, creciendo en silencio, y guardados como fiel tesoro. Llevo la mochila de la vida tan cargada de cosas insignificantes, que lo que realmente necesito no tiene sitio para respirar un poco de vida, un poco, solo un poco, y me axfisio, y te axfisias, y me falta el aire,y te falta el rumbo, y me faltas Tú, y te falto Yo.

Puto corazón suicida. Puta vida. Puto yo interior. Puta razón arrítmica. Puto tú por quererme con principio, sin final. Mi infinito, mi bucle, mi medio corazón suicida.

¡¡Apenas puedes con las cadenas que arrastras vas a poder con el mundo!!- (me digo)

Y la vida, sigue… No le importa que me pese todo. Ignora, sigue, avanza, conmigo, sin ti, con todo, sin nada…

¡¡Puto corazón indomable, que vive ausente de la razón queriendo no ser el dueño de esas ilusiones improbables!! Consciente o inconscientemente pretendes matar cada latido suicidando los sentimientos, mientras los arrojas al abismo del olvido. Y creeme, dejaría de ser yo en cada ápice de mí misma sin ellos, sin ti.

No hay nada más jodido que guardar silencio queriendo gritar un te quiero.

Y mientras tanto el mundo ahí, gente dejando huellas del paso de sus días, impregnando de vida absurda y sin sentido la realidad que quieren dejar ver, hermitaños de sueños perdidos, donde todo lo que fluye va al mar de las dudas. ¡¡Cuanta gente creyendo estar viviendo y sin saber sentir!!

Y yo, que soy un corazón kamikaze, escondida en mi burbuja de sentir bonito. Intentando suicidar mis sentimientos para dejar se sentirme tuya. ¡¡Pobre ilusa!! Si cada vena de mi cuerpo corre llena de ti.

Febrero en las entrañas

Nunca le gustó Febrero. Siempre le recordaba a Él. A su sonrisa cómplice, a comer palomitas los días de lluvia, a paseos en bici, a revolcarse entre la hierba buscando la sonrisa del sol, a trenzas en el pelo, al calor del brasero en una mesa de camilla jugando a ser piezas de puzzles mientras sonaba música de los 80 en un tocadiscos en bucle. Febrero, maldito Febrero que estaba lleno de pelis antiguas, de sábados de cine, de peleas de almohadas jugando a ser superhéroes en un mundo de ficción, de cariño, de respeto, de complicidad. Febrero, puto Febrero que le arrebataste su otro Yo.

Él, su eterno Febrero.

Su recuerdo no era efímero, al contrario, siempre habitaba en ella. Y no se ponía triste por recordarle, se ponía triste porque se daba cuenta de que ya no estaba. No fue sencillo estar sin Él. Fue una infancia tan triste, tan fría, y una vida tan sola ¡La dejó sola, joder! Viviendo en una ausencia interminable, poco nítida, gris y sin espacios en blanco donde poder reescribir.

Los columpios dejaron de sonreír, la lluvia cada vez la inundaba más.

¡No se puede olvidar a quien es el punto de apoyo en tu vida! – se repetía.

“¿Que porqué la tristeza? – Porque Tú ya no.

¿Que porqué hacerme burbuja? – Porque sin ti todo me era indiferente.

¿Que porqué escribir? – Porque ahí Tú sí.

¡Cuánta falta me has hecho, Joder!

¡Cuánta falta aún me haces!” – decía entre lágrimas cada día.

Y mientras, el mundo dándole vueltas en su ruleta rusa, riéndose de ella y golpeando cada una de sus cicatrices en cada puta realidad de la que intentaba huir. No le gustaba el reflejo de su espejo, a veces la miraba con odio, le echaba en cara cosas que no quería recordar, le abofeteaba la realidad con hostias de indiferencia. Y lo jodido es que no sabía ni de quién era ese reflejo, aunque suponía que era de ella.

¡Me puede, te juro que me puede!- decía mientras pensaba en como echaba de menos refugiarse del miedo agazapandose en su respiración.

¡Debí de hacerle daño a mi niña interior y por eso se encarga cada día de borrarme la puta sonrisa! – pensó

¡Y Él allí! Viendo su vida pasar, bucles y bucles de abismos de los que no sabía salir. Ausente de ella y a la vez perdido en ella. ¡Cuánta falta me haces!- pensaba Él en silencio.

Sé que estás. Sé que siempre estás. Y por eso sonrío a veces. Porque por muchos años que pasen, vives en mí. No ha pasado el tiempo, sólo se paró. Sigo siendo tu niña y tú, tú sigues siendo mi guía a pesar que te fuiste sin decirme adiós.

¡Te quiero! Aunque eso Tú ya lo sabías. Aunque eso Tú ya lo sabes. Aunque eso Tú nunca lo olvidas. Tú, mi fiel Febrero que siempre me haces nudos en el alma. Tú, mi amargo Febrero clavado a tinta y a fuego en las entrañas.