Érase Una Vez… Desde La Puerta.

(Texto escrito con GsusOlib)

Érase una vez desde la puerta,
el tejado salpica si dudas y entras despacio.
Te acelera una gota en la nuca..y te frena su peso a la espalda,
una alfombra de bienvenida te recibe cubierta de barro.
Hoy soy todo lo que callas y la calle ya huele a cerrado.
Ojalá entre estas cuatro paredes encuentres raíces,
y nos quepa tu casa del árbol.

Érase una vez desde una realidad paralela, donde en los sueños caminábamos descalzos, donde la lluvia nos calaba por dentro y dónde escapar era irnos a las nubes durante un rato. Me sobran sueños en este amor tan sosegado y no importa mojarme contigo y llenarnos de barro, escondidos en algún rincón secreto de nuestros tejados mojados.

Pasa..sabiendo que el cielo aquí nunca está despejado,
que las nubes las carga el diablo,
que ninguna cortina de agua separa sudor..y que sólo resbala el miedo a no saber donde tener cuidado

Entro…sigilosa, queriendo ir ausente de emociones y con ganas de ganarle al tiempo aún temblando. No importa la tormenta si Tú estás a mi lado y sonrío mientras avanzo aunque vaya con miedo de volver a calarme llorando.

Contigo..empapada de mala suerte..iría al fin del mundo a soltarte la mano,
Contigo..mirándome fijamente..dejaría caer la persiana,
subiría lloviendo al tejado,
y vería inundarse en segundos el día de mañana.

Contigo, llena de emociones encontradas, lucharía en plena tormenta con tus pensamientos marchitos y regaría con mi propia alma la luz de tus ojos de niño.

Contigo, ausentes del mundo, me dejaría atrapar por tus brazos aún sabiendo que sería capaz de acariciarte los sueños el resto de mi vida mientras tú te quedabas dormido en mi ombligo y entre mi regazo.

Y que caiga la lluvia y que nadie grite tierra a la vista,
que en el horizonte no se vean barcos hundidos,
que si alguna vez se para el tiempo..sigamos teniendo prisa,
y nos sigamos riendo de ella..con los pies colgando de los trozos rotos de la cornisa.

Vamos a nuestro rincón secreto, donde los charcos son espejos y nos miramos. Nos vemos sonriendo y empapados. Me da igual naufragar en esta tormenta si al final del delirio estás tú a mi lado.

Me sobra medio sobre de azúcar y media vida,
y huele a madera mojada,
tus dudas ganaron y el sol se ha puesto en tu lugar,
pero las despedidas son para los que vuelven..para ti solo tengo el silencio de los que se van…

No hay tormenta que no deje caos a su paso y la nuestra nos quiso hacer temblar. Naufragamos subidos en nuestro tejado viendo la vida pasar. El miedo volvió a rompernos por dentro y nos alejamos bajo la cobardía de no querer mirar atrás. Tú gritabas por dentro y yo huía bajo tu sangrante silencio, una vez más.

Si hubieras gritado mi nombre, hubiera mirado atrás.

Si hubiera gritado tu nombre, no te habría dejado marchar.

Los dos nos hicimos Silencio. Y no nos quedó otro camino que convertirnos en lluvia tras el cristal.

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Corazón Cobarde

Como balas que dispara un corazón suicida, así pasan los días y la vida, como cuando caminas cuesta arriba subiendo una montaña y vas cargado con una mochila donde no necesitas nada de lo que llevas dentro.

Necesito perderme en los clásicos de Dickens para volver a creer que existe un amor bonito de esos que te hacen volar entre las nubes, aunque a lo mejor el problema es ese, que sueño demasiado para lo real y puta que es la vida.

Demasiada sensibilidad nunca es buena, ya me lo digo frente al espejo cada día, pero la zorra que se refleja ante mí, me dice “Jodete bonita y sufre, que aprendas lo que duele la vida”.

No sé que he hecho mal para que mi otro yo tan hijo de puta me ponga las cartas sobre la mesa. Quizás se ha cansado de recibir hostias de la vida y ahora se rebela contra mi matándome un poco por dentro.

¡Que yo ya no necesito pensar en mañana, Joder!

Que solo me conformo con vivir el corto instante que se hace eterno en mi cabeza, con eso vivo, con eso sueño, por eso muero…

Que los sueños de verano ya se los llevó una fría tormenta de invierno y dudo mucho que quieran volver, sobre todo porque no pienso dejarles entrar, no quiero, no quiero, no quiero… Como una niña que patalea en la entrada del colegio, pues yo igual.

Me digo a mí misma que vivo con rabia, me pregunto que porqué quemo cartas que no envío a escondidas, que porqué apuesto donde sé que el rojo no va a ganar, que porqué vuelvo tarde siempre donde no se me espera por la puta sensación de volver a encontrar el tren de ida a mi propio mundo interior, aunque siempre pasa de largo, pero pasa en hora punta y yo voy cinco minutos tarde por la vida. ¡Pues la verdad que no lo sé! – me digo. Es más, no sé nada de lo que me pregunto, necesito beberme un whisky para pensar con lucidez y claro, cuando llevo tres empiezo a verte y sentirte por todos sitios, llenando los espacios en blanco, esos que tanto quiero ahora borrar.

¡Quiero emborrarme de lujuria contigo, Joder! Y luego amarnos en el más dulce de los silencios de dos almas que no pueden separarse.

Soy estúpida de sentimientos y ya es tarde para dejarte atrás, será que mi cuerpo no quiere sentir nada que no seas tú e intento arrancarte de mí pero no puedo.

Que nada termina ni huyendo a quemarropa de ti ni de mi, que las madrugadas nos buscan para que volvamos a ser insomnio juntos y perdona, pero no quiero entender un No.

Razono. Asiento con la cabeza. Me ahogo conmigo misma. Pataleo. Lloro. Y todo en silencio.

Una vez fuí niña, una vez amé, una vez lloré y una vez me arranqué el corazón para dejar de sentir.

Sólo soy un puto corazón cobarde que prefiere silenciar lo que siente antes que el tiempo vuelva a ponerme como Kamikace de mis propios sentimientos.

Algún dia, quizás, la vida nos sonría de nuevo, y entonces tú, y entonces yo, nos reiremos de los corazones cobardes.

Quizás…

Algún dia…

Kilómetros

Nunca me gustó escapar del mundo hasta que sentí la necesidad de encontrarme a mí misma.

Decidí coger el coche y escapar, aunque sabía que mi mundo interior vendría conmigo y me apretaría fuerte.

Pisé el acelerador y en cada segundo de vida pasado y en cada kilómetro andado sentía como dejaba atrás miles de nudos que me ahogaban por dentro, no era mucho pero era todo, todo lo que necesitaba para olvidar miles de canciones y sueños rotos que oprimían cada puto latido de mi corazón.
Conforme avanzaba sentía dolor y frío, y a la vez templanza en medio de una nube de dudas. Nunca se me dio bien huir pero ésta vez era distinto, ésta vez era marchar o naufragar. Y no estaba dispuesta a ahogarme en lágrimas una vez más.

Quería adelantarme el miedo, ¡Menudo hijo de puta! rápido y veloz para pillarme a bocajarro, pero yo cada vez pisaba más el acelerador, instantes vividos que pasaban una y otra vez por mi cabeza y yo ahí sin saber dónde ir en plena autovía.

Todo lo lejos que quería estar era a su lado y todo lo cerca que necesitaba tenerle era lejos de mi, cualquiera en su sano juicio jamás iría al fin del mundo por una carretera que te lleva a descarrilar, y así me sentía yo, una maldita carretera donde estrellarse de cabeza, y así me sentía él, un carril de doble sentido donde hacer de kamikace creyendo que saldría ileso.

La música a tope, para no oír llorar a mi cabeza y gritar a mi corazón, cantando desafinada mientras me equivocaba de salida, total tampoco era importante donde ir, sólo echarle kilómetros a la desilusión, distancia y cojones, muchos cojones para darle una hostia a la vida y dejar al karma temblando en su desesperación.

Tan real todo como la ausencia de emociones en el rincón donde se esconde un niño autista para salvarse del mundo, tan efímero como la alegría de un anciano al ver el mar por primera vez, tan triste como una canción sin estribillo…podía reflejarme en mil emociones encontradas y a la vez no encontrarme en ninguna.

Noto como se me va la vida en cada neumático quemado que dejo en la carretera y a la vez siento una suave brisa en la que poder respirar esa gasolina que me prende en llamas de piel hacia dentro. Todo tan abstracto, todo tan yo, que sólo puedo asentir con la puta razón.

El acelerador mi punto de apoyo, la carretera mi punto de encuentro, los sentimientos mi punto de fuga, no pensaba pisar el freno, iba de lleno a estrellarme en la desesperación de mi caos interior. Comencé a mirar a mi alrededor y entonces le vi a Él, andando por la cuneta, deambulando entre sus emociones y pendiente de que no me estampara contra mi realidad abstracta, me sonrió y me dijo, “Ven, conozco la salida, sigueme” Y yo, ausente del mundo en ese momento, le sonreí… y le seguí.

Reflejos

Solía ser real, de esas que sienten con el corazón por delante y el alma latiendo en las nubes. Nunca se le dio nada bien autoengañarse para poder sobrevivir en medio de los abismos de realidades alternativas.

Era sencillo vivir a mil metros del suelo creyendo que saldría ilesa de bucles de canciones y de sueños apenas quebradizos vividos en el andén de una estación de sentimiento infinito.

Era una mujer marchita, encerrada dentro de un mundo de cartón, su niña interior la regañaba por dejar que la inocencia de su alma la dejara desnuda entre canción y canción.

¡Al final aprendes a hacerte de cartón!- se decía, porque dejar que los sentimientos te empapen lo único que hace es sumergirte en más dolor. Ser mujer de cartón con corazón de hielo tampoco era tan mala opción. Y querer desintegrar cada ápice de una cárcel llena de frío en una noche de tormenta, encadenada a recuerdos que no la dejan avanzar era el principal desencadenante de su macabra locura.

Al final te olvidas de las letras, de expresar, de sentir, de todo lo relacionado con dejar sangrar al corazón, porque lo único que necesitas es esconderte del mundo y no en cualquier rincón.

El rincón de pensar agota, el rincón de llorar desgasta, el rincón de sentir duele, el rincón de olvidar desangra, el rincón de mentir ahoga, el rincón de reír está lleno de eco. No en cualquier rincón encuentras la paz que necesita tu alma y el silencio que necesita tu corazón, o viceversa.

Mujer de cartón con corazón coraza, pequeña niña de hielo con lágrimas de tinta llenas de sinsentido y sinrazón, ahogándose en el mar de la vida y naufragando en tu propio mar de dolor.

Reflejos, todo se resume en reflejos, en idas y venidas de sombras y luces, en rayos de sueños fugaces, en piezas que no encajan, en puzzles hechos de trozos rotos, en espejos que no reflejan nuestro mundo interior, sólo dejan líneas que nos separan de la vida, que nos acercan a los errores que cometemos, que nos traspasan con pena y sin gloria en cada recobeco del reflejo de nuestra imagen de hielo y cartón.

¿Quien puede mirarnos dentro de nosotros mismos cuando no somos capaces de asomarnos a nuestro abismo? Quisiera tener la fuerza de un vendaval y arrasar con la tristeza que nos invade dentro y no nos deja ver por mucho que miremos. Quiero ser lluvia y limpiar las lágrimas de la indiferencia que nos invade y nos llena de miedos externos. Quiero ser mar para sentir la sal de tus heridas y curar tus sueños olvidados y necesito que seas la aguja que cose las grietas de éste alma inerte, pero sé que no, sé que nunca, sé que nada, y duele.

Quiero ser tantas cosas que no soy nada, sólo un borroso reflejo de una mujer de cartón que morirá arrugada por la humedad del tiempo ausente entre las manecillas de un triste reloj de cuco, porque tú me has hecho pequeña e insignificante, fría, áspera, pero debo de ser insensata porque a pesar de todo, te quiero los días pares y los impares no puedo dejar de pensar en ti.

Tic-Tac, la vida pasa y tú ahí, dejándome naufragar, maldito hijo de puta.

Lluvia Entre Letras

Lluvia
Escrito con Whitejoker Manson.

¡Llueve! Y las gotas de lluvia golpean el cristal de mi ventana mientras grito en silencio tu nombre. No suelo pensar demasiado en ciertas cosas de la vida, pero mi corazón se está empezando a oxidar de ver caer las lágrimas por mi mejilla.

Menuda sensación sentirse gota de lluvia en un otoño olvidado.

Esta lluvia que cae para no escuchar tu silencio, este charco para disimular el llanto, estos truenos camuflando mis latidos. El cielo muestra sus venas, sangra luz, fotografía esta noche en la que la nostalgia se derrama como el whisky por esta copa de huellas de besos que no te doy. Blues para esta lluvia de ruido blanco, humo de cigarro haciéndose tormenta sobre mi cabeza, líneas invisibles que callo en un folio arrugado.

Siempre me había parecido romántica la lluvia hasta que empecé a verla desde el otro lado de la ventana del corazón y, entonces, era triste y de semblante serio, como una canción que ya no suena en el reproductor.
Nunca había imaginado que la lluvia calara más el alma que los huesos y que dejara empapado al corazón.

Ha tronado y no ha sido el cielo, quizás haya sido un crack o únicamente un esguince de latido. Parece que a través del cristal de esta ventana estás más lejos, más fría, más etérea, inalcanzable, imposible tras esta cortina de agua. Escribo sobre ti, sobre mí, sobre lo que no existe, pero es lo más real que hay en esta noche.

No quiero pensar en nada y uso la lluvia como comodín, la veo caer y pienso en ti cuando me sueltas de la mano, la veo huir y pienso en mí cuando tacho con tinta los sueños ya olvidados. Tan lejos y a la vez tan cerca, tan solos y a la vez tan unidos, no hay lluvia ni tormenta ni huracán que pueda con la eternidad de muestras almas entrelazadas.

Abrázame antes de que la lluvia me lleve entre canciones que oímos juntos en la distancia, antes de que este viento me traiga lo que no quiero que habite en mí y me aleje de ti. Bésame antes de que este insomnio me venza mientras te sueño con los ojos abiertos, antes de que el rayo anide en mi interior y me parta el corazón contigo dentro. Ámame antes de naufragar en los charcos que el cielo apuñala, déjame anclarme en tu fondo.

Dile a la lluvia que te traiga de vuelta, que mis manos ansían tu piel, que mis ganas quieren morir del placer de tus ganas, que mis besos se hacen secos si no notan la humedad de tu boca, que las noches están llenas de oscuridad sin ti, que mis ojos sólo miran pero ya no son capaces de ver nada. Ámame entre las gotas de lluvia y deja que el cielo llore por nuestro amor a quemarropa.
No importa cuánta lluvia caiga fuera ni dentro del corazón mientras seas tú quien no deje que me ahogue en esta tormenta.

La lluvia ha pasado, pero estoy calado de ti.

Vacíos de ida y vuelta

Resquebrajarse, hacerse añicos de piel hacia dentro, romper los hilos que te sujetan al mundo, caer al cielo y subir al suelo desplomando los ápices de la realidad.

Quedarse helado de miedo y morir quemado de recuerdos, explorar los sueños para volver a verte otra vez.

Sentir el desgarro del mundo cuando el alma cae a los pies, arrancarse los sentimientos para guardarlos en un cajón, rociar con gasolina al corazón.

Parar el mundo y no quedarse dentro, saltar al abismo y morir ahogada por asfixia por no saber llevar el rumbo ni el timón, romper las normas, destruir el cielo, arañar las nubes de restos de sueños.

Cantarle al viento y susurrarle que traiga un huracán para llevarme lejos.

Cerrar los ojos y oir al miedo, algo así siento cuando me sueltas la mano, el mundo, la vida, los sueños.

Canciones Sin Título, Pero Con Nombre

canciones sin título
Escrito con Whitejoker Manson.

¿Quién no ha soñado alguna vez con convertirse en canción? Dime ¿Quién? ¿Y qué canción no se ha convertido en sueño? ¿Quién no ha querido ser punto álgido en una voz que repite tu nombre como el estribillo de su canción favorita?
No sé tú, pero a mí me hace bailar en las nubes saber que soy su canción de cabecera antes de dormir. Podría pararse el mundo, que a mí me daría igual, porque me convierte en inmortal cada vez que me hace música. En esta canción se grita lo que no supe decir, se acuna el silencio que se abraza al miedo, callo su nombre y confieso latidos, llueve un octubre en un calendario que ya ha perdido la cuenta de los días.

Hay canciones que estremecen, que llegan al fondo y te hacen vibrar, que erizan, que aprietan, que ahogan, que sueñas e, incluso, hasta te hacen invencible. Da igual el momento o el lugar, compartirlas nos funde en uno. Y no hay nada más bonito que ser música contigo. En esta canción te ofrezco un cielo en el que volar con tus alas rotas, una cicatriz para una herida que no cierra, una estrella para un cielo que desoye tus deseos.

Hay canciones que son principio, nudo y desenlace. Canciones que tambalean el Karma y mueven los cimientos del corazón. Canciones que te follan en cada estribillo y que son orgasmo cada vez que hablan de amor. Me he parado cansada del mundo en el compás de aquella canción que susurraba el abanico de mis latidos. Me he atrincherado tras un estribillo mientras quito la anilla al corazón a la vez que pido una tregua y me lanzo a la guerra de tus labios.
También hay canciones destrucción, que te queman el alma y te hacen arder en lágrimas, que te hacen esconderte del mundo, pero esas son las menos porque no habitan en ti, ni en mí, solo habitan en una tristeza fingida y, aunque lleven tu ausencia cuando no estamos juntos, siempre estás latiendo en mi corazón y nunca me hacen sentir la soledad.

También existen las canciones tormenta, es nuestra alma las que las convierte en huracán y nos tambalean.

Esta canción juega con las agujas del reloj si cierras los ojos, las cenizas han desaparecido y el corazón vuelve a arder, los castillos se han alzado sobre sus ruinas de arena, las lágrimas se burlan de la gravedad y la sonrisa se curva hacia un imposible. Esta otra está hecha para ser escuchada en la barra mientras bailas por dentro, se alía de alguna extraña forma con el silencio que apresa tus labios y te hace soñar con que el amor es una flor que crece entre la mierda. Ésta no tiene letra para que te digas lo que necesitas; ésa es tan lenta como el dolor; aquella te empuja a correr sin mirar atrás; la siguiente, a tropezar.

No sé tú, pero yo bailo a veces dentro de las canciones tristes y me hago inmortal e invencible porque bailo contigo, aunque esté en el ápice de mi propia autodestrucción. Hay recuerdos que se me han ido de las manos al imaginar tus dedos rasgando las cuerdas de una guitarra. Le he dado al “play” para ponerle música a tus ojos, un baile a tus caderas, un ritmo a tu sonrisa, un pentagrama al camino, un bajo a tus pasos, una batería a tu corazón, unas cuerdas de guitarra a tus dedos.

¿Sabes? Cualquier canción es refugio porque, sea como sea, todas suenan a ti mientras hacen callar al mundo.